Mil noches de chamullo con Scheherazade de Rimsky-Korsakov
Entre bastidores

Scheherazade, Op. 35

Rimsky-Korsakov cuenta lo que hay entre bastidores de Scheherazade
¡Ey, peña, soy Rimsky-Korsakov y esta es la historia de mi Scheherazade, una movida que me flipa contártela, sabes! Vas a flipar con cómo les puse a mis movimientos títulos de Las mil y una noches y luego los borré, pa' que cada cual se montara su propia peli, ¡de locos! Y ahora, colega,  dale caña al entrenamiento , que aquí mis compañeros de oficio y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan, ¿te mola el reto?
---

Mil y una noches y ni una siesta

¡Joder, colega, Scheherazade es una suite sinfónica, o sea, una movida de orquesta sin nadie cantando, pa' que te enteres! Va de Las mil y una noches, tronco, ese mogollón de cuentos que parece que no se acaban ni a tiros, ¡qué flipe! Tiene cuatro movimientos, illo, y lleva el Op. 35 como carnet de identidad, ¡mazo de oficial, tío! La escribí yo, Rimsky-Korsakov, ¡y todavía me ronda la azotea como un chicle pegao!

Verano de dacha y lago, ¡qué vidorra!

Venga, tío, que la pillé en el verano de 1888, entre el 4 de junio y el 7 de agosto, ¡a velocidad de crack! Me la currí en una dacha, o sea, una casita de campo rusa, en Nyezhgovitsy, a orillas del lago Cherementets, por Luga, ¡un retiro guay de verdad! Y la casa ya no existe, illo, que los alemanes la destrozaron en la Segunda Guerra Mundial, ¡qué chungo, de verdad! Así que olvídate de ir a hacerte el selfi allí, peña, ¡te quedas con las ganas, mazo de rayada!

Borodin me dejó un marrón

Ojo al dato, peña, que en el invierno de 1887 a 1888 yo estaba hasta las trancas con Prince Igor, la ópera de Borodin que se quedó a medias! Me tocó terminarla y orquestarla, o sea, repartir las notas entre los instrumentos, ¡menudo marrón, tío, flipas! Mi idea pa' la orquesta se quedó en el congelador hasta el verano, ¡qué ganas de petarlo tenía, quillo! Ese mismo verano saqué la Russian Easter Festival Overture, y entre las dos fueron de lo último puramente orquestal mío antes de unas dos décadas currando sobre todo en ópera, ¡se acabó el chollo, colega!

Del barco al conservatorio

Alucina, colega, que yo empecé en la marina rusa antes de hacerme músico, ¡a navegar, chaval! Imagínate el cambio de rollo, de andar por los barcos a pelearme con pentagramas, ¡menudo bandazo! Luego me hice famoso sobre todo por mis óperas, ¡petándolo, tronco, de locos! Y al final acabé de jefazo del conservatorio de San Petersburgo, ¡el que manda en to' el cotarro, illo!

Cuatro capítulos y cero spoilers

A ver, tronco, un movimiento es un capítulo de serie, o sea, un cacho de la pieza con su rollo propio que acaba y te deja respirar antes del siguiente, ¡tipo maratón de Netflix! El primero es el del mar y el barco de Simbad y el segundo es el del Príncipe Kalendar, la peña con su dramón y su fiesta, ¡mazo de guay! El tercero es el del Príncipe joven y la Princesa joven, un capítulo de amor suave y meloso que es el más sencillote de los cuatro, illo, ¡cursi pero brutal! Y el cuarto, el Festival de Bagdad, es el final de temporada donde vuelven las cosas de los capítulos de antes y todo acaba tranquilito, ¡te quedas flipao, tío!

Los títulos que puse y quité

Pues nada, illo, al principio los movimientos iban a llamarse Preludio, Balada, Adagio y Final, ¡más sosos que un bocata sin ná'! Luego me tiré a unos títulos sacados de Las mil y una noches, con consejos de colegas como Anatoly Lyadov, ¡crack total el tío! Pero en una edición posterior los borré to', porque quería que la peña oyera música de cuento con sabor oriental y no una peli con guion fijo, ¿sabes? Y ni los listos se aclaran hoy de qué cuentos tenía yo en la cabeza pa' cada movimiento, que hay más de un Príncipe Kalendar en esas noches, ¡menudo lío, de locos!

Estreno con varita en San Petersburgo

Hostia, quillo, el 28 de octubre de 1888 la estrené en San Petersburgo y dirigí yo mismo, ¡con la varita y to'! Ojo, que hay programas de mano con otras fechas, tipo 9 de noviembre o 15 de diciembre, pero la del 28 de octubre es la mejor apoyada, ¡no te rayes, peña! La partitura la publicó M. P. Belaieff en Leipzig, con edición de 1889, ¡a rular por ahí, tronco! Y la Orquesta Sinfónica de Boston la tocó por primera vez el 17 de abril de 1897 con Emil Paur, ¡al otro lao del charco, flipa, crack!

Árabe de mentira, pero del bueno

Qué va, chaval, que no uso melodías árabes de verdad, a diferencia de mi Antar de antes, ¡anda ya! Todo son ideas mías con sabor oriental, o sea, un fake de los buenos, ¡mazo de arte, tío! El éxito dicen que viene de la orquestación de colorines, las melodías fresquísimas, el ritmo con vidilla y la forma de decirlo to' a la cara, ¡un flow de locos! Y la plantilla, illo: piccolo, arpa, pandereta, triángulo, platillos y tam-tam, ¡menudo bazar de ruidos, brutal!

De mi menor a mi mayor sin despeinarme

Escucha, máquina, que el primer y el último movimiento van de mi menor a mi mayor, o sea, de cara de funeral a sonrisa de anuncio de dentífrico, ¡flipante! Es como pasar de un lunes de resaca a un sábado de farra, ¡mazo de cambio, colega! A mí me molaba poner a menudo las tonalidades separadas por una tercera mayor, ¡mi truquillo de siempre, quillo! El segundo está en si menor y el tercero en sol mayor, ¡así cada capítulo se viste de su propio color, tronco, guay!

Del ballet al patinaje, qué desmadre

Flipa, crack, que el 4 de junio de 1910 los Ballets Russes estrenaron en la Ópera Garnier de París un ballet de Michel Fokine con mi música, ¡se me fue de las manos, de locos! Léon Bakst diseñó el tinglao y Nijinsky e Ida Rubinstein bailaron los papeles grandes, ¡menudos monstruos, tío! Mi viuda puso el grito en el cielo contra el invento, ¡qué movidón, illo! Después Prokofiev le sacó una Fantasía para piano en 1926 y hoy los patinadores artísticos la usan pa' petarlo en la pista, ¡qué fiebre, quillo!
---
Pues nada, colega, hasta aquí la movida de mi Scheherazade, ¡y yo con el cuerpo tipo marinero que pisa puerto después de un viaje chungo! Antes de ser músico estuve en la marina rusa, ¿sabes?, así que lo del mar y el barco me sale solo, ¡de locos! ¿Qué, te ha molao descubrir cómo nació Scheherazade o te has quedao flipao, tío? Y ojo, peña, que aún queda mazo de tela por cortar con esta obra, ¡esto no se acaba ni de coña, como los cuentos de la narradora! Hay rincones que ni he rozao, tronco, y alguno te va a dejar con la boca abierta, ¡brutal! Así que venga, illo, dale clic a los enlaces de aquí al lado y sigue cotilleando Scheherazade, ¡que no te vas a arrepentir, anda ya! Y si luego te pica el gusanillo, vuelve y ponte la obra otra vez, que cada escucha te cuela un detalle nuevo, ¡vaya rollazo más bueno, quillo!