Un cuento cada noche con Scheherazade de Rimsky-Korsakov
Entre bastidores

Scheherazade, Op. 35

Rimsky-Korsakov cuenta lo que hay entre bastidores de Scheherazade
Soy Rimsky-Korsakov, y te doy la bienvenida a la historia que hay detrás de mi Scheherazade. Te cuento por qué primero puse título a cada movimiento y luego los retiré en una edición posterior, y cómo eso cambia la forma de escuchar la obra. Aquí te enseñamos, mis colegas compositores y yo, a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan, así que te animo a probarlo en  el entrenamiento .
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De la cubierta al pentagrama

Antes de ser músico serví en la marina rusa, y quizá por eso me sale tan convincente el vaivén de las olas cuando lo escribo para orquesta. Con los años me conocieron sobre todo por mis óperas, así que Scheherazade, Op. 35, fue un poco una escapada a la música sin voces. Más tarde llegué a dirigir el conservatorio de San Petersburgo, de modo que he pasado buena parte de mi vida enseñando a otros a escribir música. Aquella mezcla de disciplina de barco y de ganas de aventura se nota, creo, en la partitura.

Un invierno con la maleta de otro

En el invierno de 1887 a 1888 estaba ocupado en terminar y orquestar la ópera Prince Igor, que Borodin había dejado sin acabar. Era un trabajo enorme, y mi idea para una obra orquestal tuvo que esperar pacientemente hasta el verano. Cuando por fin llegó, me instalé en una dacha de Nyezhgovitsy, junto al lago Cherementets, cerca de Luga. Hoy ya no puedes visitarla, porque los alemanes la destruyeron durante la Segunda Guerra Mundial.

Todo un cuento en un solo verano

Escribí Scheherazade entre junio y agosto de 1888, es decir, en un único verano. Ese mismo verano compuse también la Russian Easter Festival Overture. Las dos están entre las últimas obras puramente orquestales que escribí antes de dedicarme unos veinte años sobre todo a la ópera. Así que esta suite fue una especie de despedida provisional de la orquesta sola, y me alegra que saliera con tanta luz.

Títulos que van y vienen

Al principio pensaba llamar a los movimientos Preludio, Balada, Adagio y Final, que son nombres de lo más sobrio. Después, con consejos de amigos como Anatoly Lyadov, los cambié por títulos sacados de Las mil y una noches. En una edición posterior los retiré, porque prefería que oyeras música sinfónica de cuento oriental y no un guion cerrado. Por eso hoy ni siquiera está claro qué historias tenía en mente para cada parte, y en las noches aparece más de un príncipe Kalendar.

Cuatro capítulos de una misma serie

Un movimiento es cada una de las partes en que se divide una obra grande, igual que los capítulos de una serie: cada uno tiene su ambiente, pero todos cuentan lo mismo. En el primero, The Sea and Sinbad's Ship, el mar se mece y empieza el relato, y en el segundo, The Kalendar Prince, el cuento se llena de aventuras y de cambios de ritmo. El tercero, The Young Prince and The Young Princess, es el más sencillo de los cuatro y gira en torno a una melodía de amor cálida y balanceante. El último, Festival at Baghdad, mezcla la fiesta con la tormenta en que el barco se rompe contra un acantilado coronado por un jinete de bronce, recuerda temas de los capítulos anteriores y termina con una coda tranquila.

Oriente según mi imaginación

Aunque todo suene a Oriente, no usé melodías árabes auténticas, como sí había hecho en mi obra anterior Antar. Lo que oyes son ideas mías, inventadas con sabor oriental. El primer movimiento y el último pasan de mi menor a mi mayor, como una habitación a la que alguien le abre por fin las cortinas. Esa costumbre de separar las tonalidades por una tercera mayor la repetí en más de una de mis obras, porque me gustaba el efecto de abrir un espacio nuevo.

Una orquesta con todos los colores

Su fama se debe a una orquestación llena de color, a melodías frescas, a un ritmo con mucha vida y a una expresión directa. Pedí flautas con piccolo, oboes con corno inglés, cuatro trompas, trombones y tuba, además de una percusión generosa con pandereta, triángulo y tam-tam. Con tanta variedad puedo pasar de un susurro de las maderas a un golpe de bombo sin que se note la costura. Esa riqueza de timbres es lo que enamora a tanta gente que no sabe nada de música.

Estreno con batuta propia

Dirigí yo mismo el estreno en San Petersburgo el 28 de octubre de 1888. Algunos programas de mano dan otras fechas, pero esa es la mejor respaldada. La partitura la publicó M. P. Belaieff en Leipzig, con una edición fechada en 1889. Así empezó a viajar la obra, de mi atril a los de orquestas de medio mundo.

Cuando la música se puso a bailar

En 1910 Michel Fokine llevó la música al ballet con los Ballets Russes, en el Opéra Garnier de París. El diseñador fue Léon Bakst, y Nijinsky e Ida Rubinstein bailaron los papeles principales. Mi viuda protestó contra aquella versión. Sobre cómo iba pintado Nijinsky o cómo bailaba la escena de la muerte circulan historias muy vistosas, pero nadie sabe si son ciertas.

Un cuento que sigue dando vueltas

Prokofiev escribió en 1926 una Fantasia para piano sobre Scheherazade. Kreisler arregló para violín los movimientos II y III, y Gene Kelly la usó en su película Invitation to the Dance. En el patinaje artístico es muy habitual encontrarla en los programas. Y la Boston Symphony la tocó por primera vez en 1897, con Emil Paur, así que esta narradora lleva mucho tiempo encontrando oyentes en cualquier parte del mundo.
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Cuando miro atrás, lo que más me gusta es que acabé quitando los títulos de los movimientos en una edición posterior. Quería que cada oyente imaginara sus propios cuentos y no se quedara atado a un programa fijo. Así que, si al escuchar el violín de Scheherazade te ha venido a la cabeza una historia distinta de la mía, creo que la obra está cumpliendo su cometido. ¿Te ha gustado conocer la historia que hay detrás de mi Scheherazade? Todavía quedan muchas cosas por descubrir de ella, como el ballet que los Ballets Russes estrenaron en 1910 con esta música. Te invito a hacer clic en los enlaces que encontrarás en esta página para seguir explorando Scheherazade a tu ritmo.