Un cuento cada noche con Scheherazade de Rimsky-Korsakov
Los mejores momentos

Scheherazade, Op. 35

Rimsky-Korsakov presenta los mejores momentos de Scheherazade
Soy Rimsky-Korsakov, y te doy la bienvenida a los mejores momentos de mi Scheherazade. Vas a oír cómo el sultán Shahriar y el violín solo de Scheherazade, acompañado por el arpa, se responden a lo largo de la obra, y por eso merece la pena que le dediques estos minutos. Mis compañeros compositores y yo te enseñamos aquí a reconocer nuestras obras en cuanto suenan, así que  prueba el entrenamiento  y comprueba lo que has aprendido.
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Un sultán que entra sin llamar

Yo abro el primer movimiento, I. The Sea and Sinbad's Ship, con el motivo del sultán Shahriar: una melodía grave y de mal gesto en los bajos, marcada Largo e maestoso, que llega como quien no pide permiso ni para sentarse. Después unos acordes suaves de las maderas aflojan la tensión y presentan al violín solo con el arpa, que es Scheherazade empezando a contar, y aunque el movimiento se llame del mar, ese comienzo no es el mar sino el sultán.

Un fagot con mucho que contar

Yo empiezo II. The Kalendar Prince con un fagot solo que canta una melodía quejumbrosa sobre los bajos, y te aseguro que suena como alguien que lleva un buen rato suspirando. De pronto un trombón lo interrumpe sin ninguna delicadeza y arranca una danza animada, como ese invitado que llega a la tertulia y cambia el ritmo de toda la tarde.

Por fin, un respiro para enamorarse

Yo reservé III. The Young Prince and The Young Princess para quien ya está cansado de sultanes serios, y por eso empieza con una melodía de amor cálida y de balanceo suave, en Andantino quasi allegretto. Es el movimiento más sencillo de los cuatro, y esa sencillez es justo lo que le da encanto: no hay trampa ni misterio, solo dos jóvenes y una melodía que se mece sin prisa.

Una fiesta con final poco feliz para el barco

Yo arranco IV. Festival at Baghdad con un Allegro molto lleno de bullicio, y el título completo ya avisa de que además hay un mar y un barco que se estrella contra un acantilado con un jinete de bronce encima, que es mala suerte hasta para una fiesta. Por el camino van volviendo ideas de los movimientos anteriores, como viejos conocidos que se asoman a saludar, y cuando el escándalo termina llega una coda tranquila que deja todo en calma.
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¿Te ha gustado conocer los mejores momentos de Scheherazade? Yo, que la escribí en el verano de 1888, sigo pensando que una historia bien contada es lo que nos mantiene despiertos, y ojalá estas páginas te hayan dejado con ganas de volver a escucharla entera. Todavía quedan muchas cosas por descubrir en esta obra. Hay un baile con una historia propia, hay arreglos para otros instrumentos y hay una manera curiosa de que yo mismo retirara los títulos de los movimientos para que cada oyente imaginara sus propios cuentos. Te invito a pulsar los enlaces que encontrarás a continuación para seguir explorando Scheherazade a tu ritmo. Como ella, que nunca terminaba un cuento del todo, yo te dejo a las puertas del siguiente.

Grabación: San Francisco Symphony Orchestra, Pierre Monteux, CC0