Una cuerda de calma en el Air on the G String de Bach
Entre bastidores

Orchestral Suite No. 3 in D major, BWV 1068: II. Air

Bach cuenta lo que hay entre bastidores de Air on the G String
Soy Johann Sebastian Bach, y te cuento aquí la historia del Air on the G String. Vas a saber por qué yo nunca lo llamé así: ese nombre nació en 1871, cuando el violinista alemán August Wilhelmj lo arregló para violín y piano. En esta web, mis colegas compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras obras al escucharlas, y te invito a probarlo en  el entrenamiento .
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Un currículum con muchas partituras

Yo nací en Eisenach en 1685 y pasé la vida entera entre iglesias, cortes y escuelas, siempre con una pluma en la mano. Entre tantas obras, hay una que mucha gente conoce sin saber ni quién la escribió: el Air, que forma parte de mi Orchestral Suite No. 3 en re mayor. Es el segundo movimiento de esa suite, y yo lo concebí como parte de ella, no como una pieza suelta. Si te lo cuento tal como fue, vas a ver que su historia tiene más giros de los que sugiere una melodía tan tranquila.

Una suite de cinco platos

Mi suite tiene cinco movimientos: la Ouverture, el Air, dos Gavottes, una Bourrée y una Gigue. Piensa en una comida bien servida, con un primer plato solemne y un final que te hace mover el pie bajo la mesa. El Air llega justo después de la obertura, cuando el oyente ya ha recibido bastante pompa y necesita respirar. Por eso lo coloco ahí: es el momento en que la sala entera baja los hombros.

Una fecha envuelta en niebla

Te confieso algo incómodo: nadie sabe con certeza cuándo ni dónde compuse esta suite. Se ha dicho que pudo ser en Weimar o en Köthen, pero los estudiosos siguen sin ponerse de acuerdo. Tampoco se sabe para quién la escribí, porque no se conserva ningún encargo que lo explique. Lo único firme es que estaba terminada hacia 1730 como muy tarde, y con eso tendremos que conformarnos.

Papeles viejos y un cantor muy ocupado

La fuente más antigua que se conserva es un juego de particellas, en parte escritas de mi puño y letra, de hacia 1730. Para entonces yo llevaba ya años en Leipzig, adonde llegué en 1723 como Thomaskantor tras mi etapa de Kapellmeister en Köthen. Allí dirigía la música de cuatro iglesias luteranas y daba clases en la escuela de Santo Tomás, así que mi agenda no tenía un hueco libre. Aun así encontré tiempo para una página tan serena, lo cual dice mucho de lo que la música era para mí: un descanso.

Re mayor, cuatro tiempos y cero adornos

El Air está en re mayor y en compás de cuatro tiempos, una elección bastante sobria para algo tan emotivo. Lo escribí solo para cuerdas y bajo continuo, sin los metales y la percusión que acompañan al resto de la suite. Esa decisión hace que cada línea se oiga con una claridad casi transparente. Cuando el material es tan limpio, no hay donde esconder nada, y a mí eso siempre me ha gustado.

Un violinista con iniciativa

Pasaron más de ciento cuarenta años hasta que apareció August Wilhelmj, un violinista alemán nacido en 1845. En 1871 se le ocurrió preparar una versión de mi Air para violín y piano. Yo ni me enteré, claro, pero reconozco que el hombre tuvo buen olfato para lo que podía gustar al público. Gracias a ese arreglo, mi movimiento salió del mundo de las suites y empezó a vivir por su cuenta.

La cuerda que dio nombre a todo

Wilhelmj no se limitó a copiar: trasladó la pieza de re mayor a do mayor. Con ese cambio, la parte del primer violín podía tocarse entera en la cuerda más grave del instrumento, la de sol. De ahí viene el nombre «Air on the G String», que yo jamás usé ni imaginé. Es un poco raro que me conozcan por un apodo que me pusieron mucho después, pero así es la fama.

Los críticos no se callaron

No todo el mundo recibió bien el arreglo, y Joseph Joachim lo llamó «una falsificación descarada de una obra de Bach». Dicho así suena durísimo, aunque se entiende que un violinista tan serio defendiera el original. Donald Tovey también tenía opinión: escribió que en sus conciertos el Air se oiría como yo lo escribí, en su re mayor de origen. Yo, por mi parte, prefiero pensar que cualquier versión que haga escuchar mi música tiene algo de bueno.

Una costumbre londinense

A partir de 1905, Henry Wood programó el arreglo de Wilhelmj con frecuencia en los Proms de Londres. Lo siguió haciendo durante unos treinta años, es decir, toda una generación de público lo escuchó en esas noches de verano. Así, la versión con el apodo se hizo más popular que la mía, y eso que la mía es la verdadera. Cosas de la fama: a veces el arreglo se queda con los aplausos y el original espera paciente en la estantería.

De la sala de conciertos a la pantalla

Con el tiempo, mi Air acabó en lugares que yo nunca habría previsto, como las películas The Spy Who Loved Me, de 1977, y Se7en, de 1995. También dejó huella en la canción «A Whiter Shade of Pale», que Procol Harum publicó en 1967 y que toma un compás o dos de mi melodía. Me alegra comprobar que esa línea larga y tranquila sirve igual para una escena de tensión que para una balada. Y es que una melodía bien hecha no necesita explicación: basta con que alguien la escuche una vez para que se le quede dentro.
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Y hasta aquí llega la historia del Air, que sigue sonando tranquilo aunque haya recorrido tantos años y tantas manos. Si lo piensas, es curioso que una melodía tan pausada haya dado tanto de qué hablar. Quizá lo que más me gusta es que, cada vez que alguien la escucha con calma, vuelve a ser nueva. ¿Te ha gustado conocer la historia del Air on the G String? Yo espero que ahora la oigas con otros oídos, y que descubras detalles que antes se te escapaban. Todavía quedan muchos aspectos del Air on the G String por explorar, y creo que merece la pena que te detengas en ellos sin prisa. Por eso te invito a hacer clic en los enlaces que tienes aquí para seguir descubriendo esta pieza. Cuando termines, vuelve a escucharla y fíjate en si te suena distinta.