Chantaje a papá en O mio babbino caro de Puccini
Entre bastidores
O mio babbino caro

Me alegra volver a verte: soy Giacomo Puccini y hoy quiero contarte la historia detrás de O mio babbino caro. Descubrirás cómo nació en plena Primera Guerra Mundial para aligerar una noche de teatro y por qué ni siquiera pude viajar a Nueva York para su estreno en 1918. Por cierto, en esta página también te ayudamos junto a otros compositores a aprender a reconocer nuestra música al escucharla, así que anímate a descubrir el entrenamiento .
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Tres platos en una misma mesa
En 1917 y 1918 me encerré en mi villa de Torre del Lago, en la Toscana, para dar forma a un proyecto bastante ambicioso que llamé Il trittico. La idea era ofrecer al público tres óperas cortas de un solo acto en una misma velada, como quien sirve una cena de tres platos con sabores muy distintos. Después del drama oscuro de Il tabarro y la tristeza de Suor Angelica, yo quería cerrar la noche con una comedia ligera que dejara a todo el mundo con una sonrisa. Así nació Gianni Schicchi, y dentro de ella escondí esta pequeña joya para soprano que hoy todo el mundo conoce como O mio babbino caro.De los infiernos a la risa
Para la historia conté con el libretista Giovacchino Forzano, que tuvo la ocurrencia de buscar inspiración en un lugar poco habitual para hacer reír: el Inferno de Dante Alighieri. Allí, en el Canto XXX, aparece este tal Gianni Schicchi, un tipo bastante astuto del siglo XIII que se dedicaba a suplantar a difuntos para falsificar sus testamentos. Forzano y yo situamos la acción en la Florencia de 1299 y armamos un enredo familiar a toda velocidad alrededor de la cama de un rico recién fallecido. Resulta curioso que de un episodio sacado literalmente del infierno saliera una comedia tan fresca, pero a veces los mejores chistes están donde menos te lo esperas.Un suspiro en mitad del jaleo
En medio de todo ese alboroto de parientes codiciosos peleando por una herencia, yo necesitaba un momento en el que el reloj pareciera detenerse por completo. Ahí entra Lauretta, la hija adolescente de Schicchi, que está enamorada del joven Rinuccio y ve cómo las discusiones de los mayores amenazan con arruinar su boda. Para convencer a su padre de que los ayude con sus artimañas, la chica se planta frente a él y le canta este ruego que en español significa simplemente «Oh, mi querido papá». Es como cuando en una comida familiar llena de gritos alguien pide la palabra en voz bajita y, de repente, no se oye ni el vuelo de una mosca.Lágrimas de cocodrilo toscano
Mucha gente que escucha O mio babbino caro fuera del teatro piensa que pertenece a una tragedia terrible porque la melodía suena casi desesperada de tan hermosa que es. La realidad es bastante más divertida, porque lo que estás oyendo es a una adolescente haciendo gala de un teatro digno de las mejores actrices para salirse con la suya. Lauretta jura que, si no puede ir a la calle de Porta Rossa a comprar su anillo de bodas, se tirará de cabeza al río Arno desde el Ponte Vecchio. Yo le puse una música tan sincera y conmovedora a ese berrinche juvenil que ni su propio padre en la ficción ni el público en las butacas pueden resistirse al engaño.La receta de la sencillez
Terminé de escribir toda la partitura el 20 de abril de 1918, buscando que esta pieza fuera breve, directa y fácil de seguir desde el primer compás. Apenas dura entre dos minutos y medio y tres minutos, un suspiro musical en compás de seis por ocho que se pasa volando como un helado en pleno agosto. Después de un arranque muy corto en mi bemol mayor marcado Andante sostenuto, la canción se acomoda en la tonalidad de la bemol mayor con un balanceo muy tranquilo. No quise complicar la estructura con grandes rodeos, así que construí todo el discurso repitiendo y ampliando la misma frase inicial para que se te quede grabada sin esfuerzo.Cuerdas que arropan la voz
Para acompañar a la soprano elegí una orquesta que supiera sonar cálida sin tapar en ningún momento la dulzura de la voz. Puse a trabajar a las flautas, el flautín, el oboe, el corno inglés, los clarinetes, el fagot y las trompas para darle color al fondo del cuadro. El verdadero truco está en cómo los primeros violines, los violonchelos y el arpa tocan la melodía principal a la vez en distintas alturas, arropando a la cantante como un abrigo a medida. Mientras tanto, el resto de las cuerdas dibuja acordes partidos en tresillos que mantienen ese movimiento suave de barca mecida por el agua.Un estreno desde la distancia
Mientras yo componía estas páginas en Italia, el mundo atravesaba los años difíciles de la Primera Guerra Mundial y viajar por el extranjero era casi una misión imposible. Por culpa de aquellas restricciones de viaje, me quedé con las ganas de cruzar el océano para asistir al estreno mundial en Estados Unidos. La gran noche fue el 14 de diciembre de 1918 en la Metropolitan Opera de Nueva York, con la batuta de Roberto Moranzoni guiando a los músicos desde el foso. Tuve que conformarme con que me contaran por carta cómo había ido todo, igual que el que se pierde la fiesta de su propio cumpleaños por quedarse atrapado en casa.El aplauso que paró la función
En aquel estreno neoyorquino, el papel de Lauretta lo cantó la soprano inglesa Florence Easton, que supo darle el punto exacto de ternura y picardía. Mientras mis otras dos óperas de la noche tuvieron un recibimiento más tibio, Gianni Schicchi fue un éxito rotundo tanto para los críticos como para el público desde el primer minuto. Cuando Easton terminó de cantar la última nota de su ruego, el teatro se vino abajo con unos aplausos tan largos que tuvieron que detener la representación. Al final la soprano no tuvo más remedio que repetir el aria entera allí mismo, confirmando que mis treinta y dos compases habían dado justo en el blanco.De la ópera al salón de casa
Mi editorial de confianza en Milán, Casa Ricordi, vio venir el éxito y en aquel mismo año 1918 publicó la partitura de dos maneras distintas. Por un lado la incluyeron dentro de la reducción para canto y piano de toda la ópera, pero también tuvieron el acierto de venderla suelta como una pieza independiente. Aunque yo no la pensé como una canción de concierto aislada, enseguida empezó a tener vida propia en recitales y como propina al final de las actuaciones. Es curioso cómo un fragmento que escribí para hacer avanzar un enredo cómico acabó viajando solo por todo el mundo como si siempre hubiera sido libre.Una habitación con vistas a Florencia
Muchos años después de mi época, en 1985, el director de cine James Ivory volvió a poner mi melodía de moda gracias a su película A Room with a View, basada en la novela de E. M. Forster. Como buena parte de la película transcurre precisamente en Florencia y con el río Arno de fondo, mi pequeña súplica encajaba en la pantalla como un guante. Para la banda sonora utilizaron una grabación preciosa de 1983 en la que cantaba la soprano Kiri Te Kanawa acompañada por la London Philharmonic Orchestra bajo la dirección de John Pritchard. Gracias a ese paseo por el cine, millones de personas que jamás habían pisado un teatro de ópera descubrieron que un buen chantaje con violines nunca pasa de moda.---
¿Te ha gustado descubrir la historia que se esconde detrás de O mio babbino caro? Aún me quedan varios rincones de O mio babbino caro por enseñarte, desde cómo construí su melodía hasta los detalles que la hacen sonar tan persuasiva. Si te apetece seguir escuchando conmigo, haz clic en los enlaces de esta página para explorar todo lo que ofrece O mio babbino caro.
