Un emperador al piano con el Piano Concerto No 5 de Beethoven
II. Adagio un poco mosso
Piano Concerto No. 5 in E-flat major, Op. 73

Soy Ludwig van Beethoven, y ahora te voy a explicar el segundo movimiento, el Adagio un poco mosso, de mi Piano Concerto No 5. Vas a escuchar cómo esta música serena y nocturna, en si mayor, desemboca sin ninguna pausa en el final, y por eso conviene seguirla hasta su último compás. En esta web, mis colegas compositores y yo te enseñamos además a reconocer cada obra nada más que suena, así que entra en el entrenamiento y atrévete.
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Baja el volumen de tu mundo
Para escuchar este segundo movimiento, el II. Adagio un poco mosso, no necesitas saber nada de música: solo ponerte cómodo y bajar las revoluciones. Las cuerdas llevan sordina, una pieza que se coloca en los instrumentos para que suenen veladas, como si cantaran con una manta sobre los hombros. Esta vez dejo en silencio a la segunda flauta, al segundo clarinete, a las trompetas y a los timbales, porque aquí no hace falta que nadie levante la voz. Tú fíjate en cómo el piano y la orquesta ya no se turnan con energía, sino que conversan con calma.Un título con letra pequeña
Adagio es una palabra italiana que indica un tempo lento, y la elegí porque esta música pide tiempo para respirar. Le añadí "un poco mosso", que viene a decir "algo movido", para que nadie pensara que la música se queda del todo quieta. Hay un detalle curioso: en mi manuscrito se lee "moto" y las ediciones imprimen "mosso", y esa diferencia se comenta hoy sin que nadie pueda explicarla con seguridad. Con una letra o con otra, la idea es la misma: lento, sí, pero con un suave movimiento por dentro.Una forma sin uniforme
Elegir la forma de este movimiento fue toda una aventura, porque no quise encerrarlo ni en una sonata ni en un rondó, que ya reservaba para el último movimiento. Lo pensé más bien como un nocturno, una pieza de noche que avanza como una canción larga y tranquila, en si mayor. Para que no te pierdas, te lo cuento en tres tramos: el comienzo de las cuerdas, la entrada del piano y el puente hacia el final. Los vemos uno a uno enseguida, y verás que juntos forman una pequeña historia que va de la quietud al despertar.Sección 1: Las cuerdas bajan la persiana
Empiezo con las cuerdas con sordina, en un tempo lento y en si mayor, y el ambiente es de recogimiento total. La melodía es larga y serena, y avanza sin prisa, como quien camina descalzo por una casa dormida. Después del primer movimiento, que está en mi bemol mayor, notarás que entras en otro mundo nada más empezar. No ocurre nada espectacular, y eso es lo bonito: aquí la protagonista es la calma.Sección 2: El piano llega con la última luz
Entonces entra el piano, y en la partitura escribí "dämmernd", que significa crepuscular, esa luz tenue entre el día y la noche. Su música es delicada y flota sobre las cuerdas sin romper la atmósfera. Si te fijas, el piano no manda ni se impone, sino que parece pensar en voz alta. Es el momento más íntimo del movimiento, y el ánimo pasa de la quietud a una ensoñación suave.Sección 3: Sin despedirse en la puerta
Hacia el final la música se va apagando poco a poco, pero el movimiento no termina con una pausa. Lo uní directamente al último, de modo que pasas de la noche al día sin previo aviso, como cuando alguien enciende la luz de golpe. Ahí llega el Rondo en mi bemol mayor, con otro compás, el 6/8, y otro tempo, el Allegro ma non troppo. Ese contraste cambia el ánimo por completo, y por eso conviene que sigas atento hasta la última nota tranquila.Ahora te toca a ti
Ahora te invito a que vivas por ti mismo este II. Adagio un poco mosso. Dale al play y déjate llevar por la música sin más. Mientras suena, ten presente lo que hemos comentado: las cuerdas con sordina, el piano crepuscular y el paso directo al final. Ojalá disfrutes del viaje por mi II. Adagio un poco mosso tanto como yo disfruté componiéndolo.---
Y hasta aquí llega mi paseo por el II. Adagio un poco mosso, ese rato de calma en medio de un concierto tan decidido. ¿Has disfrutado descubriendo conmigo la guía de escucha del II. Adagio un poco mosso del Piano Concerto No 5? Quizá ahora, cuando vuelvas a oírlo, notes enseguida la sordina de las cuerdas y ese piano que entra casi en penumbra, como si la noche hubiera empezado a caer sin avisar. Y cuando el movimiento termina sin ninguna pausa y se lanza hacia el final, tal vez entiendas por qué me gustaba tanto que todo el concierto fluyera como una sola historia. Todavía quedan muchas cosas por explorar de este concierto, y cada una te puede cambiar la forma de escucharlo. Puedes conocer mejor el primer movimiento y el rondo, la historia que hay detrás de la obra o el misterio de su famoso apodo. Haz clic en los enlaces que tienes aquí al lado para seguir explorando mi Piano Concerto No 5. Te aseguro que, cada vez que lo escuches, descubrirás algo que se te había escapado.
