Coro incluido en la Symphony No 9 de Beethoven
IV. Presto - Allegro Assai
Symphony No. 9 in D minor, Op. 125 ("Choral")

Soy Beethoven, y voy a explicarte el IV. Presto - Allegro Assai, el final de mi Symphony No 9. Vas a oír cómo los graves repasan los movimientos anteriores y los descartan, hasta que chelos y contrabajos entonan el tema de la alegría con una sencillez que lo cambia todo. Y como mis colegas y yo te enseñamos en esta web a reconocer nuestras obras en cuanto suenan, te invito a practicar en el entrenamiento .
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Quién es quién en el escenario
Te propongo que escuches este final como una reunión en la que los invitados van entrando uno a uno, y tu tarea es reconocer quién habla en cada momento. Al principio oirás sobre todo a la orquesta, y dentro de ella a los violonchelos y los contrabajos, que son los primeros en atreverse a cantar el tema de la alegría. Después se suman el flautín, el contrafagot, el triángulo, el bombo y los platillos, que me sirven para darle a la música un aire de fiesta ruidosa. Al final llegan las voces, primero un barítono y después el coro y los cuatro solistas, que son quienes convierten la sinfonía en una celebración con palabras.Un título que va con prisa
Puse Presto a este final porque quería que arrancara a toda velocidad, sin darte tiempo ni de acomodarte. Ese comienzo es casi un caos, como si la orquesta entera se hubiera tropezado en la puerta del salón. Luego el Allegro assai pide una marcha muy viva, pero con un paso decidido, que es el ánimo que necesita el tema de la alegría para avanzar. Así que el título funciona como un pequeño mapa: primero la urgencia y el desorden, y después un movimiento alegre que ya no quiere detenerse.Una forma que no cabe en una caja
La forma de este final no es la de los libros: no cabe en ninguna caja. Lo que hice fue una enorme serie de variaciones sobre el tema de la alegría, repartida en muchas secciones que van del re menor al re mayor. Te las cuento una por una en los próximos párrafos, así que por ahora solo te adelanto el recorrido: caos, recuerdos, tema, voz, marcha, himno y fuga. Es una exploración emocionante, y cada tramo tiene un carácter tan distinto que casi parece otra pieza.Sección 1: La casa patas arriba
Empiezo en Presto y en re menor, con una explosión de ruido en la que nada parece estar en su sitio. Quise que el oyente sintiera que algo se ha roto y que hace falta ponerlo en orden. No busques todavía una melodía, porque aquí lo que cuenta es la tensión y la prisa. Si te sientes un poco sacudido, es justo lo que pretendía.Sección 2: Los recuerdos llaman a la puerta
Cuando pasa la tormenta, las cuerdas graves, esas que suenan más hondas, empiezan a hablar como si recitaran un texto. Con ellas vuelven a asomar ideas de los movimientos anteriores, como alguien que repasa su propia historia. Pero las voy descartando una tras otra, porque ninguna es lo que estoy buscando. Fíjate en que la música parece tomar la palabra y decir que quiere algo distinto, y eso prepara la llegada del tema.Sección 3: Un tema que llega de puntillas
Por fin aparece la melodía de la alegría, y la entregan los violonchelos y los contrabajos, en voz baja y con una sencillez casi de canción popular. Después se repite en tres variaciones solo con instrumentos, y en cada una suena con más cuerpo y con más gente a su alrededor. El estado de ánimo cambia por completo: del desconcierto pasamos a una calma luminosa, y de ahí a un entusiasmo que va creciendo. Intenta quedarte con esta melodía, porque va a volver una y otra vez durante todo el final.Sección 4: Un barítono interrumpe la reunión
Justo cuando todo parecía tranquilo, entra el barítono con unas palabras que escribí yo mismo: «O Freunde, nicht diese Töne!». Con ellas le pido a todo el mundo que deje de lado los sonidos del principio y busque otros más agradables. El resto del texto es el poema que Friedrich Schiller escribió en 1785, pero esa frase de arranque es mía y no suya. Es el momento en que la sinfonía deja de ser solo música de instrumentos y se pone a hablarte directamente.Sección 5: Llega la banda turca
Después viene una variación en si bemol mayor, con un aire de marcha que cambia el ambiente de golpe. Aquí se unen el flautín, el contrafagot, el triángulo, el bombo y los platillos, y estos dos últimos recuerdan a la música turca que se oía entonces en Europa. El resultado suena a desfile alegre y un poco ruidoso, como una banda que se acerca por la calle. Si prestas atención, notarás que la melodía de la alegría sigue ahí, solo que ahora marcha con botas.Sección 6: Un abrazo en sol mayor
Más tarde llega un episodio lento en sol mayor, sobre las palabras «Seid umschlungen». La música se frena y se vuelve solemne, como si el coro pidiera silencio para abrazar a todo el mundo. Es una de las partes más serenas del movimiento, y por eso resulta tan eficaz después de tanto movimiento. Aprovecha para respirar con ella, porque enseguida volverá la energía.Sección 7: Dos melodías para el gran remate
Cierro con una doble fuga, en la que dos melodías se persiguen y se cruzan al mismo tiempo. Es la parte más complicada de seguir, pero no hace falta entenderlo todo, basta con notar cómo la música se va llenando de capas. A partir de ahí el ánimo es de pura celebración, con una energía que va subiendo hasta el final. Cuando termina, sientes que el caos del principio quedó muy lejos y que has llegado a un lugar bien distinto.Ahora te toca a ti
Ahora te invito a que vivas este Presto - Allegro Assai por tu cuenta, y para eso solo tienes que darle al play. Déjate llevar por la música y no te preocupes por entenderlo todo a la primera. Mientras suena, quizá te ayude recordar lo que hemos hablado: el caos del principio, los recuerdos descartados, el tema que va creciendo y la entrada de las voces. Ojalá disfrutes del viaje por mi final tanto como lo disfruté yo cuando lo compuse.---
Hemos llegado al final de este recorrido por el IV. Presto - Allegro Assai, y me gustaría que te quedaras un momento con lo que acabas de oír. ¿Te ha gustado conocer la guía de escucha del IV. Presto - Allegro Assai de la Symphony No 9? Yo quise que este final pasara del desorden a algo que cantamos entre todos, y creo que ese camino se entiende mejor cada vez que se vuelve a escuchar. Con el tiempo, la melodía de la Oda a la alegría ha llegado mucho más lejos de lo que yo podía imaginar, hasta convertirse en el himno de Europa. Pero mi Symphony No 9 guarda todavía muchos más aspectos por descubrir, desde los otros tres movimientos hasta la historia de cómo la fui escribiendo. Si te apetece seguir explorándola, pulsa en los enlaces que tienes en esta página y continúa a tu ritmo. Te aseguro que la próxima vez que la escuches vas a encontrar algo que antes se te había escapado.
