Coro incluido en la Symphony No 9 de Beethoven
Los mejores momentos
Symphony No. 9 in D minor, Op. 125 ("Choral")

Soy Beethoven, y te doy la bienvenida a los mejores momentos de mi Symphony No 9. Vas a escuchar cómo, en el final, una voz humana entra por primera vez en una sinfonía para cantar la Oda a la alegría de Schiller. Aquí, en esta web, mis compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas cuando las oyes, así que anímate y prueba el entrenamiento .
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Una orquesta que aún está afinando
Yo empiezo este primer movimiento casi sin empezar: las cuerdas tiemblan en un murmullo con las notas la y mi, y suena como una orquesta que todavía está afinando antes del concierto. Cuando ya te has acomodado en la silla, el tema principal estalla con violencia, así que mi consejo es que no te confíes demasiado.
Una cola que no deja de crecer
Yo abro el scherzo con una fuga, que es una melodía que entra una y otra vez, cada instrumento detrás del anterior, como una cola a la que se van sumando más y más personas. Es un movimiento oscuro y nervioso, y es aquí donde los trombones tocan por primera vez en toda la sinfonía.
Variaciones con vestuario nuevo
Yo te dejo respirar después del scherzo, porque el Adagio es un movimiento tranquilo y lleno de anhelo, escrito en si bemol mayor. Son variaciones sobre dos temas, es decir, dos melodías que vuelven una y otra vez con un traje distinto cada vez, y en medio hay un solo muy hermoso de la cuarta trompa.
Cambiar de canal hasta dar con la alegría
Yo empiezo el final con un caos de los grandes, y después los violonchelos y los contrabajos van recordando los movimientos anteriores y los descartan uno por uno, como quien pasa de canal en canal buscando algo mejor. Cuando por fin entra el barítono, canta unas palabras que escribí yo mismo, «O Freunde, nicht diese Töne!», que viene a decir que ya hemos oído bastante ruido y que toca cantar algo mejor.
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¿Te ha gustado descubrir conmigo los mejores momentos de la Symphony No 9? Yo espero que sí, y que ahora tengas la sensación de haber entrado un poco más en una música que me costó años de trabajo. Empecé a esbozarla en 1815 y no la terminé hasta 1824, así que, mientras la escuchas, piensa que cada compás tuvo mucho tiempo para madurar. Cuando se estrenó en Viena, yo estaba en el escenario sin poder oír ni la orquesta ni los aplausos. Cuenta la historia que fue la contralto Caroline Unger quien me hizo girar para que viera a un público entregado. Aun así, lo que más me importa es lo que pasa en ti cuando suena el final, con esa melodía de la alegría que hoy sigue viva en muchos lugares. Con todo, esta sinfonía tiene todavía muchos rincones por explorar. Podrías fijarte en cómo cambia el carácter de cada movimiento, en lo que ocurre con las voces cuando por fin entran o en las historias que rodean a la obra. Cada nueva escucha te va a enseñar algo que antes se te había escapado. Si te apetece seguir, haz clic en los enlaces que tienes a tu disposición y continúa tu recorrido por la Symphony No 9. Yo te espero en la próxima escucha.
