Veintiún años de dudas con la Symphony No 1 de Brahms
Entre bastidores
Symphony No. 1 in C minor, Op. 68

Soy Johannes Brahms, y esta es la historia que hay detrás de mi Symphony No 1. Te contaré cómo una melodía de cuerno alpino que le mandé a Clara Schumann en 1868, como felicitación de cumpleaños, terminó en el final de la sinfonía. Si te apetece, entra en el entrenamiento y deja que mis compañeros de oficio y yo te enseñemos aquí a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan.
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Veintiún años de bocetos y de dudas
Mi Symphony No 1 en do menor, la Op. 68, me costó unos veintiún años, porque empecé a trabajar en ella hacia 1855 y no la terminé hasta 1876. Cuando por fin puse el punto final, en septiembre de 1876, yo ya tenía 43 años. Durante ese tiempo escribí otras obras, así que la sinfonía se quedó esperando en un cajón mucho más de lo que me gustaría confesar. Y no fue por falta de ideas, sino porque yo mismo me ponía el listón altísimo.Unos pasos que no dejaban de sonar a mi espalda
El motivo de tanta lentitud tenía nombre y apellido: Beethoven. Yo escribí en una ocasión: «No sabes lo que es oír constantemente sus pasos detrás de uno». Imagina que te piden el primer cuadro de tu vida y que el vecino de al lado es un maestro que ya lo pintó todo, y entenderás por qué yo tardaba tanto en atreverme. Aun así, seguí limando la obra año tras año hasta que sentí que podía presentarla con la cabeza alta.Cuatro platos y un postre con final feliz
Una sinfonía se divide en movimientos, que son como los platos de una comida larga: cada uno tiene su propio carácter y entre uno y otro se hace una pausa. El primero, Un poco sostenuto - Allegro, es el plato fuerte y dramático en do menor, y el segundo, Andante sostenuto, es una pausa tranquila y cantable en mi mayor. El tercero, Un poco allegretto e grazioso, está en la bemol mayor y es el más ligero y amable de todos, una especie de aperitivo tardío que te deja sonreír. El cuarto, Adagio - Più andante - Allegro non troppo, ma con brio, arranca en penumbra, en do menor, y va creciendo hasta un final luminoso en do mayor.Una felicitación con cuerno alpino
En septiembre de 1868 mandé a Clara Schumann una tarjeta de cumpleaños con una melodía de cuerno alpino escrita en el pentagrama. Debajo añadí unas palabras: «¡Así sonaba hoy el cuerno del pastor!». Esa misma melodía, años más tarde, volvió a aparecer en el final de la sinfonía, y para mí fue como guardar un recuerdo personal dentro de una obra enorme. Es un detalle que casi nadie imagina al escuchar la música, pero que a mí me hace mucha ilusión contar.Estreno en Karlsruhe
La estrenamos el 4 de noviembre de 1876 en Karlsruhe, con la Baden Court Orchestra y bajo la dirección de Felix Otto Dessoff. Karlsruhe fue el lugar elegido para empezar, y desde allí la obra echaría a andar. Después de tantos años de espera, escuchar por fin la sinfonía entera sonando en una sala fue un alivio enorme. A partir de ese día la sinfonía ya no era solo mía.La sinfonía se echa a viajar
Tras el estreno en Karlsruhe, la obra siguió su camino por Mannheim, Múnich y Viena. En Mannheim y en Múnich fui yo mismo quien dirigió, así que pude comprobar de primera mano cómo la recibía la gente. Cada ciudad tenía una orquesta distinta, y aprendí que la misma partitura puede sonar un poco diferente según quién la toque. Para un compositor que había tardado tanto en terminarla, ver que la obra empezaba a circular fue una satisfacción muy dulce.La décima sinfonía de Beethoven, según otro
En 1877 el director Hans von Bülow llamó a mi obra «la Décima de Beethoven», es decir, como si fuera la décima sinfonía de Beethoven. Mucha gente notó que el tema principal del final, solemne y cantable como un himno, recuerda a la Oda a la alegría del propio Beethoven. Yo reaccioné con bastante sequedad ante la comparación, y la historia cuenta que contesté algo así como que eso lo vería cualquiera, aunque nadie puede asegurar mis palabras exactas. Me molestaba que me midieran siempre con la misma vara.Una cadena de terceras que bajan por la escalera
Si tuviera que señalar mi huella dentro de la sinfonía, hablaría de una cadena de terceras descendentes, que es casi mi marca de la casa. Son pequeños saltos hacia abajo, como bajar peldaños de dos en dos, y aparecen una y otra vez en la música. Hay quien ha querido ver en la obra un argumento secreto, un héroe que pasa de la oscuridad a la luz, pero yo nunca publiqué ningún programa. Si tú lo imaginas así, perfecto, pero eso ya es cosa de tu interpretación y no de una explicación mía.Cruzar el océano hasta Nueva York
El 15 de diciembre de 1877 la sinfonía se tocó por primera vez en Estados Unidos, en el Steinway Hall de Nueva York, con Leopold Damrosch al frente. Resulta curioso pensar que una obra que había tardado más de veinte años en nacer se presentara al otro lado del Atlántico apenas un año después del estreno. Hoy una interpretación suele durar unos 45 minutos, tiempo suficiente para recorrer toda esa lucha y esa luz sin que te dé tiempo a aburrirte. Si la escuchas entera, notarás que cada minuto de espera mereció la pena.---
Han pasado más de cien años desde que esos primeros acordes sonaron en Karlsruhe, y todavía me emociona pensar que aquella obra tan larga en nacer sigue encontrando oyentes. Mirando atrás, creo que tanta espera valió la pena, porque una sinfonía así no se podía escribir con prisa. ¿Te ha gustado conocer la historia de mi Symphony No 1? Ojalá ahora la escuches con otros oídos, atento a esos pasos que Beethoven dejó en el camino y a la manera en que yo decidí seguir el mío. Todavía quedan muchas cosas por descubrir en esta sinfonía, desde los detalles de cada movimiento hasta los pequeños secretos que se esconden entre las notas. Te invito a hacer clic en los enlaces que tienes aquí y a seguir explorando mi Symphony No 1 a tu ritmo. Te aseguro que cada nueva escucha te dará algo distinto.
