Ratones y nueces con el Nutcracker de Tchaikovsky
Entre bastidores

The Nutcracker, Op. 71, ballet in two acts (1892)

Tchaikovsky cuenta lo que hay entre bastidores de Nutcracker
Hola, soy Tchaikovsky, y me alegra contarte la historia que hay detrás de mi Nutcracker. Vas a saber cómo fue su estreno en el teatro Mariinsky de San Petersburgo, en diciembre de 1892, una noche que no salió tan redonda como cualquiera imaginaría. Aquí, en esta web, mis compañeros compositores y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas cuando las oyes, así que  atrévete con el entrenamiento .
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Un encargo con prisa y con elegancia

Todo empezó cuando Ivan Vsevolozhsky, director de los Teatros Imperiales, me llamó después del éxito de The Sleeping Beauty. Venía con la idea de que yo repitiera la jugada con otro ballet, y a mí, que ya había probado lo bien que se trabajaba para el teatro, no me costó decir que sí. Es un poco como cuando un restaurante te pide un segundo plato estrella justo después de que el primero llenó la sala. Lo que aún no sabíamos ninguno de los dos era lo caprichoso que iba a ser el camino hasta el estreno.

Un cuento alemán con paso por Francia

La historia no salió de mi cabeza, aunque a veces me la atribuyan, sino de un cuento de E. T. A. Hoffmann de 1816, "The Nutcracker and the Mouse King". A mi ballet llegó a través de la versión abreviada de Alexandre Dumas, y el libreto lo prepararon Vsevolozhsky y Marius Petipa, aunque algunas fuentes se lo atribuyen solo a Petipa. Yo me quedé con lo mío, que era poner música a una Nochebuena en la que un regalo muy raro lo cambia todo. No te cuento más, porque de ese regalo depende buena parte de la gracia.

Febrero de 1891: manos a la obra

Empecé a componer el 25 de febrero de 1891, según el calendario que usamos hoy en día. Por entonces el trabajo me salía con buen ritmo, y el 6 de marzo ya tenía terminada la mitad del primer acto y el Waltz of the Snowflakes. Ese vals de nieve lo escribí pronto, y quizá por eso conserva una frescura que no se ha ido con los años. Aun así, quedaba mucho ballet por delante, y todavía faltaba el sonido que yo llevaba semanas buscando.

Un pedido muy particular a Jurgenson

En junio de 1891 le escribí a mi editor, Jurgenson, para que encargara a París una "Celesta-Mustel", un instrumento con, según mis palabras, un sonido divinamente inusual. Le conté que pensaba estrenarlo en una obra sinfónica, El Voyevoda, y también en el ballet. Se cuenta que lo mantuve en secreto para que ningún otro compositor ruso se me adelantara, aunque mi carta solo demuestra que hice el pedido. Sea cual sea la verdad, yo esperaba aquella caja de París con la ilusión de un niño que espera un regalo de Navidad.

El maestro que se puso enfermo

A mitad del camino, en agosto de 1892, Petipa tuvo que retirarse por enfermedad, y la coreografía pasó a manos de Lev Ivanov. Enrico Cecchetti fue nombrado segundo maestro de ballet a sus órdenes, de modo que el equipo cambió bastante sobre la marcha. Hoy nadie sabe con certeza si Petipa llegó a dejar alguna escena coreografiada antes de apartarse. Es de esos misterios de teatro que se quedan en el aire, como el polvo del escenario después de la función.

Niños en el escenario, y en papeles principales

Una de las decisiones más novedosas fue dar los papeles principales a niños, algo poco habitual en un ballet imperial. Clara la bailó Stanislava Belinskaya, que tenía 12 años, y el Nutcracker-Prince lo hizo Sergei Legat, de 17. Los bailarines de más experiencia, como Antonietta Dell'Era, que fue el Sugar Plum Fairy, y Pavel Gerdt, que fue Prince Coqueluche, bailaron los papeles del mundo de los dulces. Imagínate a una chica de 12 años cargando con una función de esa categoría: así empezó mi ballet.

Una noche doble en el Mariinsky

El estreno fue el 18 de diciembre de 1892 en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, y la dirección musical estuvo a cargo de Riccardo Drigo. No fue una velada solo de ballet, porque esa noche se ofreció junto con mi ópera Iolanta. Yo había puesto tanto cariño en las dos obras que no sabría decirte cuál me preocupaba más aquella noche. Algunas fuentes dan el 17 de diciembre como fecha, pero la mayoría coincide en el 18.

Un recibimiento más bien frío

Te lo digo sin rodeos: el ballet no triunfó de inmediato, y las primeras críticas fueron entre mezcladas y negativas. Un crítico escribió que aquello no podía llamarse ballet de ninguna manera, y yo mismo anoté que el público parecía aburrido, a pesar de lo lujoso del montaje. Lo que sí gustó fue el Waltz of the Snowflakes, que en su origen reunía a más de 50 bailarines. La música, además, se reseñó aparte y se recibió mejor que el ballet, lo cual me consoló bastante.

Un banquete de danzas en el segundo acto

En el segundo acto puse una especie de carta de postres sonora: Spanish Hot Chocolate, Arabian Coffee, Chinese Tea y Russian Candy Cane, más conocido como Trepak. Ese Trepak lo coreografió Alexander Shiryaev, y detrás venían Mother Ginger and the Polichinelles, la Dance of the Reed Pipes y el Waltz of the Flowers. Para el Grand Pas de Deux se usó una plataforma llamada "reika", gracias a la cual el Sugar Plum Fairy parecía deslizarse sobre las puntas. Como ves, aquel ballet tenía de todo, menos la fama inmediata que merecía.

La revancha llegó con el tiempo

Ivanov volvió a poner en escena el ballet en 1900, y poco a poco el público fue descubriendo lo que tenía entre manos. Mucho después viajó al extranjero: la primera función internacional fue en Londres en 1934, y hay quien sitúa el estreno en Estados Unidos en 1940, con el Ballet Russe de Monte Carlo. Yo no llegué a ver nada de eso, y a veces pienso en lo curioso que es que una obra tan poco aplaudida acabara siendo la de todas las Navidades. Si te quedaste con ganas de saber qué le pasa a ese regalo de Nochebuena, escucha la música, que ella te lo cuenta mejor que yo.
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Cuando pienso en el estreno de diciembre de 1892, me sorprende lo lejos que ha llegado esta música desde aquella noche en San Petersburgo. Yo mismo conté que el público parecía aburrido, y las primeras críticas del ballet fueron bastante duras. Sin embargo, la música gustó desde el principio, y con el tiempo salió de Rusia: llegó a Londres en 1934 y desde entonces no ha dejado de viajar. A veces las obras necesitan un poco de tiempo para encontrar a quien las espera, igual que una carta que tarda en llegar a su destino. ¿Te ha gustado conocer la historia de mi Nutcracker? Aún quedan muchas cosas por descubrir sobre esta obra: sus personajes, sus danzas y los pequeños detalles que se esconden en la orquesta. Te invito a pulsar en los enlaces que encontrarás en esta página para seguir explorando Nutcracker a tu ritmo. Yo te espero al otro lado con la música.