Aguas abajo con The Moldau de Smetana
La guía de escucha

Vltava, JB 1:112/2

Smetana presenta una guía de escucha de The Moldau
Soy Bedřich Smetana y esta es la guía de escucha de The Moldau. Aquí aprenderás a localizar la gran melodía que regresa durante todo el viaje del río, desde sus manantiales hasta el Elba, y con ella en mente la obra se vuelve mucho más clara. Además, en esta web mis colegas y yo te enseñamos a reconocer nuestras piezas en cuanto suenan, así que  ponte a prueba con el entrenamiento  cuando termines.
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Súbete a la barca sin mojarte

Escucha The Moldau como quien se sube a una barca y se deja llevar, porque el río no te pide saber nada de música, solo que no te bajes en la primera curva. Las flautas y los clarinetes son el agua más ligera, las cuerdas cantan la melodía grande que vuelve una y otra vez, y las trompas ponen el aire de bosque. El arpa deja caer notas como gotas, y los platillos aparecen cuando el río se pone más bullicioso. Si quieres un truco, fíjate en quién lleva la melodía en cada escena y verás cómo cambia el paisaje sin que nadie diga una palabra.

Por qué le di al río el papel principal

Titulé así la obra porque el verdadero protagonista es el río: aquí no hay héroe ni heroína, solo agua que avanza y se va encontrando cosas por el camino. Quería que quien la escuchara pudiera seguir el curso desde los dos manantiales hasta que se acerca al Elbe, como si el título fuera el cartel de una excursión. Además es la segunda pieza de Má vlast, y no se me ocurría mejor manera de hablar de mi patria que con el cauce que atraviesa Praga. Por eso, cuando se tocó por primera vez en el Žofín en 1875, bastaba el nombre para saber adónde iba la música.

Una forma con corriente

Un río que nunca pasa dos veces por el mismo sitio pedía una forma que tampoco se repitiera. Me quedé con el poema sinfónico, a la manera de Franz Liszt, que sigue una historia en lugar de un esquema fijo, aunque con una melodía principal que regresa como un hilo. Te adelanto las seis escenas del viaje: los manantiales, el bosque, la fiesta, las ninfas a la luz de la luna, los rápidos de San Juan y la llegada a Vyšehrad. Ahora las recorremos una a una, como quien baja por la orilla.

Sección 1: El río todavía en pañales

Empieza en voz baja y con la indicación Allegro commodo non agitato, que viene a decir algo como «a buen paso y sin agitarse». Las notas rápidas y ligeras de las flautas y los clarinetes se persiguen entre sí, como dos hilos de agua que aún no se han encontrado. Aquí no hay prisa ni peligro, solo una frescura que te invita a seguir escuchando. Cuando los dos hilos se juntan, el arroyo se hace río y la música se ensancha de golpe.

Sección 2: Un río con árbol genealógico

Entonces entra la melodía principal en mi menor, cantada por las cuerdas, con una nostalgia que se queda en la cabeza mucho después de oírla. Su origen es bastante más viejo que yo: la adapté de La Mantovana, una melodía que se atribuye a Giuseppe Cenci y cuya impresión más antigua conocida es de 1600. De esa misma melodía antigua desciende también Hatikvah, así que las dos canciones son primas lejanas, aunque no se hayan visto nunca. Con ella el río avanza con paso seguro hacia el bosque, y las trompas contestan desde lejos, como si hubiera alguien escondido entre los árboles.

Sección 3: Fiesta en la orilla

El ambiente se anima de pronto: el ritmo se vuelve de baile y la música gana alegría y ligereza después de tanta melancolía. Pasamos junto a una celebración que se oye en la orilla, con aires populares que van de un grupo de instrumentos a otro. El río apenas se hace notar, porque ahora toda la atención es de la gente que baila. Hacia el final la fiesta se aleja y vuelve la corriente, igual que el ruido de una verbena se apaga cuando te vas caminando a casa.

Sección 4: Ninfas de guardia nocturna

Cae la noche y todo se detiene: la música se vuelve suave, misteriosa y mucho más lenta que la fiesta de antes. Las cuerdas se alargan en notas largas y las flautas flotan por encima, mientras el arpa brilla como la luz de la luna sobre el agua. Es el momento de las ninfas del agua, y no hace falta que te las imagines con detalle, porque el sonido ya te las pone delante. Por primera vez en el viaje parece que el río duerme, y lo único que se mueve es un resplandor entre las notas.

Sección 5: Los rápidos pierden la compostura

De repente el agua se estrecha y la música se agita: los metales y la percusión entran con fuerza, y los platillos marcan los golpes del agua contra las rocas. Es la parte más tormentosa de la obra, con la melodía principal sacudida entre oleadas de orquesta que no te dejan respirar. Hoy esos rápidos de San Juan los cubre el embalse de Štěchovice, así que esta música es una de las pocas maneras de volver a ellos. Cuando la tormenta termina, el cambio de ánimo se nota enseguida, como cuando sales de una montaña rusa y el suelo te parece muy quieto.

Sección 6: Despedida con vistas a Vyšehrad

Pasados los rápidos, el río se ensancha y la melodía principal regresa con un aire más abierto y más tranquilo. Al pasar junto a Vyšehrad suena su motivo de cuatro notas, el de la pieza anterior del ciclo, como un saludo de viejo conocido. Después el río sigue su camino hacia el Elbe y la música se va alejando poco a poco, sin pedir permiso a nadie para marcharse. Los últimos acordes caen con decisión, y te quedas con la sensación de haber visto pasar un país entero desde una barca.

Tu turno: dale al play

Ahora te invito a recorrer The Moldau por tu cuenta. Pulsa el botón de reproducir y déjate llevar por la música sin más equipaje que tus oídos. Mientras suena, acuérdate de lo que hemos charlado: el nacimiento del río, el bosque, la fiesta, las ninfas, los rápidos y la despedida. Ojalá disfrutes de este viaje por mi río tanto como yo disfruté al componerlo.
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¿Te ha gustado descubrir conmigo la guía de escucha de The Moldau? Yo espero que ahora, cuando suenen esas dos flautas del principio, sientas que el río empieza a correr también para ti. Al fin y al cabo, esta música nació de algo muy sencillo: el deseo de contar con sonidos el paisaje que más quería. Y aunque yo la escribí sin poder oír una sola nota, lo que me importaba era que otros la oyeran por mí. Todavía quedan muchos aspectos de The Moldau por explorar. Puedes fijarte en cómo vuelve la melodía principal con colores distintos, o en la historia de esa melodía, que es más antigua de lo que imaginas. También puedes detenerte en lo que significó escuchar esta obra por primera vez en Praga y en cómo ha seguido viajando desde entonces. Si te apetece seguir el curso del río un poco más lejos, haz clic en los enlaces que tienes aquí y continúa la exploración de The Moldau a tu ritmo. Yo te espero en la próxima orilla.